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No rechace a Jesús por culpa de la avanzada

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Seamos honestos. En no pocos casos, el mayor obstáculo para que alguien se acerque a Cristo no es el ateísmo, ni la ciencia, ni la filosofía moderna, ni la cultura secular. El mayor obstáculo ha sido, muchas veces, la propia gente religiosa. No Jesús. No el evangelio. No la cruz. La avanzada. Sí, la avanzada. Esa que llega primero hablando en nombre de Dios, corrigiendo a todo el mundo, citando versículos, dando lecciones de moral, juzgando conductas ajenas, reclamando santidad, exigiendo reverencia, y al mismo tiempo viviendo con una incoherencia tan escandalosa que termina produciendo más rechazo que convicción. Esa avanzada que lleva Biblia debajo del brazo, pero no verdad en el corazón. Esa que sabe evangelizar en público, pero no sabe ser decente en privado. Esa que habla del cielo, pero negocia como si jamás hubiera oído la palabra integridad. Hay que decirlo sin maquillaje: una parte del descrédito del testimonio cristiano no se debe a persecución externa, sino a corrupción inte...

Perlas, perros y cerdos: el discernimiento que Jesús enseñó para no entregar lo valioso a quienes no saben honrarlo

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Uno de los versículos bíblicos que más reflexión y debate genera es Mateo 7:6. Allí Jesús, en medio del Sermón del Monte, expresa una enseñanza profunda sobre el discernimiento espiritual: “No den lo sagrado a los perros, no sea que se vuelvan contra ustedes y los despedacen; ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen.”  (Mateo 7:6, NVI). Estas palabras forman parte de una sección del Evangelio de Mateo que trata principalmente sobre el discernimiento espiritual. El capítulo 7 introduce principios fundamentales sobre cómo relacionarse con los demás, cómo juzgar con justicia y cómo reconocer el carácter de las personas. Dentro de ese contexto, el versículo 6 establece un principio clave: el discernimiento espiritual en la comunicación de la verdad y en la entrega de aquello que es valioso. El Evangelio de Mateo fue escrito por Mateo, también llamado Leví, un ex cobrador de impuestos que llegó a ser uno de los apóstoles de Jesús. Los estudios bíblicos sitúan su redacci...

Entre el galanteo y la verdad

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  El tiempo como juez de los liderazgos Las relaciones humanas —ya sean de amistad, de pareja, de negocios o de vida pública— comparten una misma lógica profunda: son relaciones de doble vía. Ninguna relación sana puede sostenerse si solo una de las partes da y la otra únicamente recibe. La armonía se construye sobre bases conocidas desde antiguo: amor, respeto, fidelidad, lealtad, comprensión, diálogo, colaboración y confianza. En algún momento alguien cede, porque ceder también es parte de amar; pero cuando siempre cede el mismo, la relación deja de ser relación y se convierte en sometimiento. Toda relación sana vive sostenida por una promesa implícita sobre el futuro. Dos amigos confían en que su amistad resistirá el paso del tiempo. Dos personas que se enamoran creen que el presente luminoso que comparten podrá prolongarse hacia los años venideros. Dos socios que inician un negocio esperan que la confianza mutua produzca prosperidad para ambos. En el fondo, toda relación humana...