Perlas, perros y cerdos: el discernimiento que Jesús enseñó para no entregar lo valioso a quienes no saben honrarlo
Uno de los versículos bíblicos que más reflexión y debate genera es Mateo 7:6. Allí Jesús, en medio del Sermón del Monte, expresa una enseñanza profunda sobre el discernimiento espiritual:
“No den lo sagrado a los perros, no sea que se vuelvan contra ustedes y los despedacen; ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen.” (Mateo 7:6, NVI).
Estas palabras forman parte de una sección del Evangelio de Mateo que trata principalmente sobre el discernimiento espiritual. El capítulo 7 introduce principios fundamentales sobre cómo relacionarse con los demás, cómo juzgar con justicia y cómo reconocer el carácter de las personas. Dentro de ese contexto, el versículo 6 establece un principio clave: el discernimiento espiritual en la comunicación de la verdad y en la entrega de aquello que es valioso.
El Evangelio de Mateo fue escrito por Mateo, también llamado Leví, un ex cobrador de impuestos que llegó a ser uno de los apóstoles de Jesús. Los estudios bíblicos sitúan su redacción probablemente entre los años 60 y 80 después de Cristo. Mateo escribe principalmente para cristianos de origen judío, por lo que su evangelio cita frecuentemente las profecías del Antiguo Testamento y presenta a Jesús como el Mesías prometido. Este contexto explica por qué las imágenes y metáforas utilizadas por Jesús eran perfectamente comprendidas por los lectores originales.
El texto hace referencia a “lo santo”, es decir, aquello que es consagrado o sagrado. En el contexto judío esta expresión se utilizaba para referirse a cosas dedicadas a Dios, a los sacrificios del templo o a la revelación divina. Por lo tanto, “lo santo” puede representar la verdad del Reino de Dios. Sin embargo, para comprender plenamente la enseñanza de Jesús también es necesario entender el contexto histórico y cultural de la época, así como el significado que tenían las metáforas utilizadas.
En el mundo judío del primer siglo los perros no eran mascotas. Eran animales callejeros, impuros y carroñeros. Los judíos utilizaban la palabra “perro” como metáfora para referirse a gentiles paganos, es decir, no judíos que adoraban otros dioses, o también para describir personas moralmente impuras o hostiles a Dios. Un ejemplo aparece en Filipenses 3:2, donde el apóstol Pablo advierte: “Cuídense de esos perros”.
Por otra parte, las “perlas” eran uno de los objetos más valiosos del mundo antiguo. Jesús utiliza también esta imagen en Mateo 13:45-46, en la parábola de la perla de gran precio. Las perlas simbolizan verdades espirituales preciosas, el evangelio y la sabiduría del Reino de Dios. Los cerdos, en cambio, eran considerados por los judíos el animal más impuro y simbolizaban impureza, profanación y rechazo de lo santo. Cuando Jesús habla de pisotear, la imagen transmite desprecio y destrucción de algo que no se reconoce como valioso.
Jesús utiliza así una doble metáfora poderosa. Lo santo representa la verdad del Reino de Dios; las perlas, la revelación espiritual valiosa; los perros, personas hostiles a Dios; y los cerdos, personas que desprecian lo sagrado. La imagen es deliberadamente impactante. Es como arrojar carne del templo a perros callejeros o lanzar perlas preciosas a cerdos. Los cerdos no entienden el valor de las perlas y las pisotean. Los perros incluso pueden atacar a quien las ofrece. Jesús está describiendo a personas que reaccionan con hostilidad frente a la verdad espiritual.
La enseñanza de Jesús es profunda: no todas las personas están espiritualmente preparadas para recibir la verdad de Dios. Hay personas que desprecian lo sagrado, ridiculizan la verdad y atacan a quien la proclama. Por eso Jesús enseña discernimiento espiritual. El creyente no debe discutir interminablemente, ni forzar la verdad a quien la desprecia, ni exponerse innecesariamente a la hostilidad. En definitiva, existen personas que desean aprender y debatir con honestidad, pero hay otras que solamente buscan ridiculizar, provocar o atacar. Jesús enseña que no se debe desperdiciar energía espiritual allí. Es necesario proteger lo sagrado, porque no se puede trivializar la fe, la Escritura ni el evangelio.
Incluso la Biblia enseña que el creyente debe saber cuándo retirarse. Proverbios 9:8 dice: “No reprendas al burlador, porque te odiará”.
El deber ser, lo que se supone debe suceder es que todo aquel que se confiese Cristiano debe obedecer a Cristo. No se trata únicamente de creer en Dios, sino creerle a Dios; y creerle significa amarle y amarle es sometimiento a su palabra que es la verdad y es la Biblia.
Además de las perlas preciosas de la Fé y la verdad Bíblica, nuestra vida tiene otras perlas preciosas que ofrecer: amor, amistad, cariño, respaldo incondicional y apoyo. Invitamos a otros a sentarse en nuestra mesa y extendemos la mano al necesitado con amor. En la vida pública y política también existen otras perlas valiosas: el prestigio político, el capital moral, el liderazgo histórico, las redes de liderazgo, la confianza personal y el respaldo electoral.
Muchos hombres hacemos lo que hizo mi padre durante su vida: confiar en las personas, recibirlas en su mesa, tratarlas como cercanas, impulsarlas políticamente, proponerlas como candidatas y poner su nombre y su historia detrás de ellas. El problema bíblico no es dar. La Biblia exalta la generosidad. Proverbios 11:25 dice: “El que es generoso prosperará”. Pero la Biblia también enseña discernimiento. Proverbios 14:15 advierte: “El ingenuo cree todo lo que le dicen, pero el prudente se fija por dónde va”. También nos recuerda que no todo el mundo sabe valorar lo que recibe, tal como advierte Mateo 7:6.
Cuando las perlas caen en malas manos pueden suceder dos cosas: son pisoteadas o quien las recibe termina volviéndose contra quien las dio. Esto no siempre se manifiesta como violencia física; muchas veces se expresa como ingratitud, traición, olvido, desprecio o indiferencia. La ingratitud es considerada en la Biblia una forma de corrupción moral. Romanos 1:21 dice: “Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron ni le dieron gracias”. La falta de gratitud es vista como un síntoma de un corazón desordenado.
La Biblia no condena a quien confía. Al contrario, valora la generosidad y la esperanza en las personas. Proverbios 3:27 dice: “No niegues un favor a quien lo necesita”. Eso no es debilidad moral; es nobleza de carácter. Sin embargo, la Biblia también advierte sobre el discernimiento insuficiente del carácter. Proverbios 20:6 dice: “Muchos se proclaman hombres leales, pero ¿quién hallará uno fiel?”.
La ingratitud ha acompañado a la humanidad desde siempre. La Biblia ofrece muchos ejemplos: Saúl con David, Absalón con David, Judas con Jesús o los diez leprosos que no regresaron a agradecer. Incluso Jesús experimentó la ingratitud humana. En Lucas 17:17 pregunta: “¿No quedaron limpios los diez? ¿Dónde están los otros nueve?”.
Aunque la ingratitud sea frecuente, no deja de producir dolor y decepción. Muchas veces entregamos nuestras perlas sin haber probado el carácter de la persona. Esto ocurre con frecuencia en la vida pública y en la política. El ingrato, cuando llega al poder, muestra su verdadero carácter, porque el poder revela lo que hay en el corazón. Así lo expresa Proverbios 27:19: “Como el agua refleja el rostro, así el corazón refleja a la persona”.
Sin embargo, es importante recordar algo fundamental: Dios no juzga el corazón del que da con generosidad. Dios juzga el corazón del ingrato. Por eso es necesario pedir sabiduría al dueño absoluto de la sabiduría: Dios. Es necesario discernir a quién entregamos nuestras perlas, porque algunas personas no saben valorar, no saben agradecer y no saben honrar.
Eclesiastés 7:8 dice que “mejor es el final de un asunto que su comienzo”. Lo que realmente queda en la historia no es la ingratitud de alguien, sino la integridad de quien luchó durante décadas. La honra siempre permanece en quien vivió con carácter.
Ante esta realidad humana surge una pregunta inevitable: ¿cómo evitar dar comida a los perros o perlas a los cerdos? En los asuntos de fe puede ser más fácil discernirlo, pero en los asuntos de confianza humana es mucho más difícil. Jesús enseñó un principio fundamental: “Por sus frutos los conocerán” (Mateo 7:16). El carácter verdadero no se conoce por palabras sino por conducta sostenida en el tiempo. Por eso, antes de entregar confianza, amistad profunda, respaldo político o responsabilidades, es necesario observar cómo trata a los demás, cómo habla de quienes lo ayudaron y cómo actúa cuando no obtiene beneficios.
Un indicador muy claro del carácter es la forma en que alguien trata a quienes no tienen poder o utilidad. Si una persona desprecia al débil, ignora al necesitado o es grosera con subordinados, probablemente hará lo mismo cuando tenga poder. Si una persona miente con facilidad, cambia su discurso según la conveniencia o manipula la verdad, esa persona no es confiable para recibir perlas. Proverbios 12:22 dice: “Los labios mentirosos son abominación al Señor”.
Las personas agradecidas reconocen el bien recibido, honran a quienes las ayudaron y mantienen memoria moral. La ingratitud temprana suele anticipar traiciones mayores. Lucas 16:11 dice: “Si en las riquezas injustas no fueron fieles, ¿quién les confiará las verdaderas?”. El poder revela el corazón. Por eso es importante observar cómo alguien maneja pequeñas cuotas de poder. Si al recibir responsabilidades menores una persona se vuelve arrogante, abusiva o autoritaria, ese comportamiento probablemente aumentará cuando el poder sea mayor.
Jesús también dijo en Mateo 12:34: “De la abundancia del corazón habla la boca”. Por eso es importante escuchar lo que una persona dice de otras personas. Quien constantemente critica, traiciona confidencias o habla mal de antiguos aliados probablemente hará lo mismo en el futuro.
La Biblia también advierte contra la precipitación. Proverbios 19:2 dice: “El que se apresura con los pies peca”. El discernimiento requiere tiempo, observación y prudencia. Las perlas más valiosas deben entregarse gradualmente, no de una sola vez. Un principio sabio que aparece en toda la Biblia es que el discernimiento sigue un orden: primero observar, luego probar y después confiar. El apóstol Pablo aplicaba este principio incluso para el liderazgo de la iglesia. En 1 Timoteo 3:10 dice: “Que primero sean puestos a prueba”.
Finalmente, la Biblia no enseña a cerrar el corazón. Pero sí enseña a abrir el corazón con sabiduría. Proverbios 4:23 dice: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón”. Antes de entregar nuestras perlas debemos preguntarnos: ¿esta persona demuestra carácter?, ¿es agradecida?, ¿respeta la verdad?, ¿cómo trata a los débiles?, ¿cómo usa el pequeño poder?, ¿qué dice de los demás? Si las respuestas a estas preguntas son positivas, las perlas pueden entregarse con confianza. De lo contrario, sería como entregarlas a los perros o a los cerdos, porque una persona de carácter ingrato no es digna de confianza para recibir lo que es verdaderamente valioso.
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