Cuando la Iglesia confunde al candidato con el Mesías
Colombia está nuevamente frente a una elección presidencial cargada de emociones, temores, heridas históricas y esperanzas acumuladas. Como suele ocurrir en los tiempos de crisis, el pueblo no solo busca propuestas: busca salvación. No solo quiere un programa de gobierno: quiere una figura capaz de derrotar sus miedos. No solo evalúa candidatos: muchas veces termina fabricando símbolos. En ese escenario ha surgido un fenómeno que merece una reflexión seria desde la fe cristiana: el entusiasmo de amplios sectores cristianos alrededor de Abelardo de la Espriella. Para algunos creyentes, él representa una alternativa política legítima frente al rumbo actual del país. Eso puede ser perfectamente válido dentro de una democracia. Un cristiano puede votar por él, como también puede votar por otro candidato, siempre que lo haga en conciencia, con responsabilidad y con criterios éticos. El problema no es votar. El problema es adorar políticamente. El problema no es que un candidato hable de Dio...