El día que Roma descubrió que el Dios de Israel no tenía imagen
Por Ismael Perdomo En el año 63 a.C., Pompey the Great entró militarmente a Jerusalén tras intervenir en la guerra civil entre Hyrcanus II y Aristobulus II. Después de un sangriento asedio, sus tropas penetraron el Segundo Templo y ocurrió algo que dejó perplejo al general romano. Pompeyo estaba acostumbrado a entrar en templos paganos repletos de estatuas, imágenes, ídolos y representaciones visibles de sus dioses. Así funcionaba prácticamente todo el mundo religioso grecorromano: templos llenos de figuras de Zeus, Apolo, Artemisa, César divinizado y múltiples deidades. Pero cuando Pompeyo atravesó las áreas sagradas del templo judío y llegó incluso al lugar más santo —según relatan historiadores antiguos— encontró algo inesperado: No había ninguna estatua. No había ninguna imagen. No había ningún ídolo. El lugar más sagrado de Israel estaba vacío de representaciones humanas de Dios. ¿Por qué? Porque el Dios de Israel jamás permitió que su gloria fuera reducida a una image...