Salud en Colombia: el diagnóstico sobra, lo que falta es el tratamiento
Siempre me ha generado preocupación, en el tema de la salud en Colombia, que el problema esté diagnosticado, e incluso sobrediagnosticado. Todos hablan de crisis. Todos hablan de pacientes sin medicamentos, de hospitales quebrados, de EPS intervenidas, de tutelas, de corrupción, de médicos mal pagos, de usuarios haciendo filas interminables y de familias angustiadas porque una autorización, una cita o un medicamento puede marcar la diferencia entre vivir, complicarse o morir.
El asunto es que, en política, casi todos logran describir el “qué”. El problema está en el “cómo”.
Incluso la propuesta presentada por Gustavo Petro y Carolina Corcho, su entonces ministra de Salud, contenía verdades. Señalaba fallas reales: barreras de acceso, inequidad territorial, debilidad de la atención primaria, intermediación cuestionable, concentración de recursos y sufrimiento de los pacientes. Pero una cosa es identificar problemas ciertos y otra muy distinta es proponer soluciones ejecutables. Muchas de esas ideas chocaban con realidades técnicas, administrativas, jurídicas y financieras que hacían difícil, si no imposible, su implementación responsable.
Ese ha sido, tal vez, el gran pecado de la discusión nacional sobre salud: convertir un problema complejo en un combate político de buenos contra malos. Se busca un culpable único para un sistema que tiene problemas estructurales, financieros, penales, administrativos, éticos y culturales. La salud colombiana no se está cayendo por una sola causa. Se está fracturando por muchas grietas al mismo tiempo.
La actual carrera presidencial colombiana nos enfrenta a dos candidatos que, debo decirlo con claridad, no son de mi completo agrado. Me toca escoger entre dos opciones que considero las más malas dentro del paquete de candidatos que se presentaron. En ese escenario, Abelardo de la Espriella me resulta una opción un poco mejor que Cepeda, sobre todo por su fórmula vicepresidencial y porque, al menos en el discurso, no promueve políticas comunistas, socialistas y ateas que chocan de frente con mis principios y convicciones.
Ahora bien, suponiendo que su posición sea real y no simplemente parte de un personaje diseñado por expertos en marketing político, y creyendo que puede ser quien gane por un estrecho margen, me di a la tarea de estudiar su propuesta número 5, específicamente relacionada con salud. Lo hice no como militante, sino como médico pediatra, epidemiólogo y ciudadano que lleva más de una década escribiendo sobre este tema.
La propuesta de Abelardo acierta en reconocer la gravedad de la crisis. Habla de un plan de choque, de recuperar el flujo de recursos, revisar la UPC, proteger a pacientes crónicos, garantizar medicamentos, fortalecer la atención primaria, dignificar al talento humano y vigilar mejor el uso de los recursos. Todo eso suena correcto. Incluso necesario.
Pero mi preocupación es que, si Abelardo llega a la Presidencia con lo planteado hasta ahora, el problema de fondo no se resuelve. Colombia quedaría, otra vez, en la misma posición en la que estuvo durante los gobiernos de Santos, Duque y Petro: con diagnósticos ciertos, discursos fuertes, promesas necesarias, pero sin una arquitectura técnica suficientemente clara para ejecutar una reforma sostenible.
Porque inyectar dinero al sistema puede ser urgente, pero no basta. Si se giran recursos sin auditoría, se puede terminar premiando corrupción, ineficiencia y mala facturación. Pero si no se giran recursos, se quiebran hospitales, se suspenden tratamientos y mueren pacientes. Revisar la UPC también es necesario, pero una UPC bien calculada exige una fuente real de financiación. Garantizar medicamentos es una obligación moral, pero requiere logística, compras inteligentes, transparencia, operadores confiables y vigilancia estricta.
Colombia, los médicos colombianos y los pacientes no necesitamos más frases de campaña. Necesitamos planteamientos realmente serios y ejecutables. Necesitamos saber cuánto cuesta el sistema que queremos, quién lo va a pagar, cómo se prioriza el gasto, cómo se audita el dinero, cómo se protege al paciente crónico, cómo se castiga al corrupto y cómo se garantiza que el médico pueda trabajar con dignidad.
La salud colombiana no necesita una demolición ideológica ni una defensa ciega del modelo actual. Necesita una cirugía mayor: conservar lo que funcionó, corregir lo que falló, financiar lo que se promete y castigar a quienes convirtieron el derecho fundamental a la salud en un negocio oscuro.
El problema ya lo conocemos. Lo que falta es liderazgo serio para responder, por fin, la única pregunta que realmente importa: ¿cómo vamos a salvar la salud de los colombianos?.
La próxima columna analiza las propuestas del candidato Cepeda, y puede leerla AQUI
todo eso es verdad estamos practicamente mindigando la salud,y todo esto se ha visto es en este gobierno nefasto.
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